¿Te sentís desmotivado con tu restaurante? Implementá estos 3 consejos.

 

 

Lo sé. Llevar adelante un restaurante es una tarea compleja porque el día a día muchas veces nos hace perder de vista nuestros objetivos y cuando nos damos cuenta que no estamos en el lugar donde queremos, nos sentimos frustrados, enojados y con la sensación de no tener salida o no saber bien cuál es el camino que tenemos que tomar. Y ahí es cuando terminás desmotivado con tu restaurante, lee este post porque te cuento cómo lo gestiono.

 

Este tema es muy íntimo, tanto que a veces no hablamos ni compartimos estos sentimientos con nadie. Creemos que hacerlo nos muestra débiles, fracasados, incompetentes. Una creencia muy arraigada e igual de falsa. Porque solo siendo conscientes de nuestra situación, podemos cambiarla. En la ignorancia no habita el cambio, sino en el conocer donde necesitamos hacer algo diferente.

Hoy te quiero compartir qué me sirvió a mí cuando gestioné el restaurante de mi pareja y me sentía desmotivada, sin compromiso y con ganas de de no mover más un dedo.

 

En primer lugar, me sirvió reconocer qué me estaba disparando ese sentimiento.
En mi caso, 3 situaciones:
-La comparación, el perfeccionismo y el agobio.

VAMOS A DESMENUZAR CADA UNA DE ELLAS:

 

La comparación.

 

 

No creo que haya alguien en el mundo que no se haya comparado con otros alguna vez, en algún aspecto.
En mi caso, me comparaba con otros restaurantes a los que parecía que todo les iba mejor que a mi: tenían más recursos económicos, más clientes, un salón más lindo, un mejor chef, mejores ideas, más creatividad…podría seguir esta lista pero creo que entendés el concepto.

Seguramente te pasó también. Parece que tu restaurante, de un minuto a otro, es el peooor del mundo. Es más, no sabés cómo hay clientes que te eligen…es más, ahora que profundizás, no sabés cómo sigue abierto….

¡Pará ahí!¿Lo ves? Cuando entramos en esta situación de compararnos, vamos armando una historia cada vez más negativa y terrible.

A mi me sirvió y me sirve, (porque obvio que me sigue pasando de vez en cuando) es ponerme un freno.

Brusco y tajante. Me digo: “Basta Ale, ya está”. Si no lo hago, me voy de la comparación a la queja y entro a un terreno que después me deja peor de lo que estaba.

Después de ponerme el freno agarro un cuaderno y una lapicera y me tomo media hora para hacer este breve y simple pero poderoso ejercicio:

 

Auto reconocimiento.

Escribo al menos 3 aspectos donde yo me considero capaz, valiosa, buena. Eso donde me reconozco talentosa.
Y después pienso si esas características las estoy aplicando en mi restaurante. Al principio, cuando empecé a hacer este ejercicio me salía que no: por la vergüenza, por el día a día que me hacía perder foco, por no saber como “bajarlo a tierra” exactamente.

Y acá quiero que hagamos un paréntesis. Es cierto que cuando gestionamos un restaurante, nos compenetramos tanto con el negocio que ya no distinguimos entre él y nosotros, parece que por momentos somos una sola cosa.

Y NO es así.

Esto me sirvió mucho verlo porque yo me adjudicaba todos los fracasos del negocio a mi persona. Entonces terminaba pensando y sintiendo que el negocio iba mal porque yo no era capaz, que los camareros atendían mal porque yo no era buena entrenándolos.

No quiero decir que ahora te desentiendas de todas tus responsabilidades (no seamos extremistas) pero sí te digo por experiencia propia que muchas veces el negocio tiene un proceso más lento del que queremos.

Y caer en la comparación y decirnos que somos un desastre no nos saca de ahí, porque encima empieza a disminuir nuestra confianza y seguridad personal.

Una vez que ya pudiste ver esos 3 aspectos donde sos realmente bueno, si te diste cuenta que no estás aplicándolo a tu restaurante podés:

-Elegir solo 1 virtud y preguntarte:
¿Qué mejoraría si aplicara ésto en mi restaurante?

¿Para qué no lo estoy haciendo? (No por qué sino para qué: el por qué busca justificaciones, el para qué busca los verdaderos motivos)

¿Cuál sería el primer paso a dar si quisiera aplicarlo?

Vas a notar que hacer ésto te va a sacar de la comparación y va a enfocar tu mente en acciones, en la creatividad de indagar algo nuevo.

 

 

El perfeccionismo.

 

 

 

Muchos dicen orgullosos: “soy perfeccionista” como si de una virtud se tratara. Pero no, no lo es. El perfeccionismo es la sensación de que nunca está bien, de que siempre le falta algo para ser adecuado.

El perfeccionismo es el enemigo de la acción, porque busca los motivos para dejarnos quietos, estancados en el mismo lugar porque “no es perfecto”

Reconozco que es un defecto que me tengo que trabajar día a día, porque si por él fuera, no estarías leyendo éste post… porque no es tan bueno como me lo imaginé.

En el restaurante el perfeccionismo me aparecía cuando tenía que accionar.
Como en mi cabeza todo es perfecto y maravilloso, después cuando no lo veo así, me frustro.

Para poder “combatirlo” me sirve decirme: (también me lo he puesto de fondo de pantalla en la compu)

 

“Hecho es mejor que perfecto”

 

Porque una vez hecho, puedo mejorarlo. Es solo así que puedo en el terreno real ver donde tengo que ajustar.
Pero si queda perfecto en mi cabeza….¿cómo aporto valor a los clientes, si en el plano real, no hay nada?

Cuando te veas dudando demasiado, acordate: Hecho es mejor que perfecto. Y después sobre la marcha lo mejorarás.

 

 

Agobio.

 

 

 

Seguro viste la imagen y te sentiste identificado. Es tremendamente habitual.

Silencioso el agobio, no aparece “de una” sino más bien va tomando terreno poco a poco. Y cuando te das cuenta, ya explotás o estás a punto…

Sinceramente, acá es mejor prevenir que curar, porque me ha pasado que cuando exploté de agobio, ya no tenía ni un gramo de ganas de nada. Y debido a este desgano, he tomado malas decisiones, o he tratado mal a mi equipo de trabajo…

Si estás en este punto, lo mejor que podés hacer es al menos tomarte 2 días para parar la cabeza y el cuerpo. Desconectar para comer bien, dormir, tomar aire fresco, desenchufarte.

Y para prevenir me sirve:

NO cargarme de tareas que me dejan “vacía”. Porque no todos los días tengo que terminar de laburar sintiéndome como si hubiera jugado la copa de la final del mundo….esa adrenalina cuando baja, se convierte en agobio. Te deja sin energías.

Y esto me lleva a recordarte que tenés que delegar. Ya sé, seguro estás pensando “No puedo, nadie lo hace como yo” Y seguro es así, nadie lo hace como vos. Lo harán mejor o peor.

Pero sin delegar, terminamos agobiados, (y más tarde, desmotivados) seguramente sin hacerlo nosotros tampoco.

Si sos el típcio pulpo controlador, empezá delegando las tareas más operativas y repetitivas que te sacan tiempo y no aportan un valor diferencial pero que hay que hacerlas, por ejemplo: los pedidos a proveedores, estar de cajero/adicionista (¿en serio pensás que estar horas parado en la caja aporta valor a tus clientes?) hacer compras….

Claro que para delegar hay que entrenar al equipo y después supervisarlos, además de tener cierta tolerancia al error.

Pero tenés que aceptar que no podés todo vos solo. Porque terminás quemado porque le robas tiempo a tu descanso, no haces actividad física, no pasas tiempo con tu familia….lo sé porque yo vivía dentro del restaurante.

Pensá que delegar es priorizar, es destinar tu valioso tiempo a las acciones más estratégicas de tu negocio.

Si querés profundizar en este tema te dejo este video.

Y por último, reconectá con los motivos que te impulsaron a abrir tu restaurante y no te castigues, que son momentos por los que naturalmente todos pasamos.

Espero que estos consejos te ayuden, y si te pasó, me encantará que me cuentes en los comentarios cómo lo gestionaste.Animate (como yo en este post) a mostrar y contarlo, seguro que alguien del otro lado que te lea, se sentirá menos solo en ésta travesía.

P.D: Agregué 2 espacios para las sesiones gratuitas donde exploramos las 5 fases de tu restaurante y te cuento dónde estás fallando y qué debes hacer para corregirlo, si querés que tengamos esta sesión gratuita completá este formulario y te escribo!

Un abrazo enorme,
Alejandra.